La I.

No empieza con una I. La I es el final de la tarde.

Còmo nombrarla. Soñando. Diciendo que està ahì.

Soñar da hambre. Y el alimento, los tomates y cebollas,

son escasos. Tienen una enfermedad no muy conocida.

Al menos poraquì. La I. No se conoce. No se sabe nada de ella.

Comer sòlo da tristeza. Deglutir, sembrar las palabras.

Tragarlas con una sola mano. Engullir las comas y las ìes.

No cuestan tanto las jabas de almacenar,

los vocablos inhòspitos los refrigeradores intermitentes.

No llamar por su nombre a nadie: El compartimiento,

la lìnea telefònia. La llave de abrir labios.

Se corre la avenida vintage la pantalla del gris escleròtico

No importa la rectitud del octavo cerco, de la milla verde.

Te abrazo con pulcritud te decanto los ritmos

La trompeta como arma nuclear. El escaso jazz de tus ojos sonoros.

 Es sòlo el final de la tarde, de la I: Desvistièndome.

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